Menora: símbolo de fe
- Elena Migdal
- 24 mar
- 6 Min. de lectura
Descubre la fe y la importancia de la Menorá para Israel, y su significado como símbolo y representación de la Iglesia.

La Menorah es uno de los símbolos más antiguos y sagrados del pueblo de Israel. Esta lámpara de siete brazos, mencionada en la Biblia, tiene un profundo significado tanto para el judaísmo como para el cristianismo. Su historia, uso y simbolismo trascienden las épocas y continúan siendo relevantes en la actualidad. Más que un objeto, la Menorah es un recordatorio de la luz de Dios que nunca se apaga y que nos llama a caminar en Su verdad.
Menora: símbolo de fe
Menora: símbolo de fe
Orígenes y Utilidad en la Época Bíblica
La Menorah fue diseñada según las instrucciones dadas por Dios a Moisés en el Monte Sinaí. En Éxodo 25:31-40, Dios ordena su construcción en oro puro, con un diseño de ramas adornadas con cálices, botones y flores. Esta lámpara se colocaba en el Tabernáculo y, posteriormente, en el Templo de Jerusalén, donde debía arder continuamente con aceite de oliva (Levítico 24:2-4). Su luz simbolizaba la presencia de Dios y la guía espiritual para Su pueblo, y una representación futura de la Iglesia.
En la época bíblica, la Menorah se encontraba primeramente en el Tabernáculo, que según las Escrituras fue establecido en diferentes lugares, como Gilgal, Silo y Nob, antes de que el rey Salomón construyera el Primer Templo en Jerusalén (1 Reyes 6:1-38). Cuando el Templo fue destruido por los babilonios en el año 586 a.C., no se tienen registros claros sobre el destino de la Menorah original.
El Uso y la Higiene de la Menorah en el Templo de Salomón
El mantenimiento de la Menorah en el Templo era una tarea sagrada encargada a los sacerdotes levitas. Cada día, al amanecer y al atardecer, los sacerdotes debían limpiar los cálices y reponer el aceite de oliva puro para asegurarse de que la luz nunca se extinguiera (Éxodo 27:20-21). El aceite utilizado debía ser de la más alta pureza, sin impurezas ni residuos. Los pabilos eran hechos de lino de los mantos sacerdotales desgastados y se reemplazaban regularmente. Esta labor simbolizaba la necesidad de mantener la pureza espiritual y la dedicación constante a Dios.
El oro de la Menorah debía ser limpiado cuidadosamente para que su resplandor no se opacara, lo que representaba la santidad y la luz de Dios reflejada en Su pueblo. Este proceso de mantenimiento nos recuerda que la vida de fe también requiere una limpieza y renovación constante para mantener encendida la luz del Espíritu en nuestro interior.

Importancia para la Fe Judía y Cristiana
Para el judaísmo, la Menorah representa la iluminación divina y el pacto eterno con Dios. Su uso en el Templo indicaba la conexión entre lo terrenal y lo celestial. En la actualidad, es un símbolo del Estado de Israel y un recordatorio de la resistencia y fidelidad del pueblo judío, especialmente después del milagro de Janucá, cuando el aceite de un solo día ardió por ocho días en el Templo restaurado.
Para los cristianos, la Menorah es una prefiguración de Jesucristo como la luz del mundo (Juan 8:12). Además, en el libro de Apocalipsis, las siete lámparas representan el Espíritu de Dios en sus múltiples manifestaciones (Apocalipsis 4:5). Así como la Menorah iluminaba el Tabernáculo, Jesús vino a iluminar las tinieblas y a mostrarnos el camino al Padre.
La Menorah y los Macabeos: El Milagro de Janucá
En el siglo II a.C., durante el dominio del Imperio Seléucida, el rey Antíoco IV Epífanes profanó el Templo de Jerusalén al imponer prácticas paganas y prohibir la adoración a Dios. En respuesta, los macabeos, una familia de sacerdotes judíos liderados por Judas Macabeo, iniciaron una rebelión que culminó con la recuperación y purificación del Templo en el año 164 a.C.
Cuando los macabeos intentaron encender la Menorah, solo encontraron una pequeña cantidad de aceite puro, suficiente para un solo día. Sin embargo, por un milagro divino, la lámpara ardió durante ocho días, hasta que se pudo preparar nuevo aceite puro. Este evento es conmemorado cada año en la festividad de Janucá, cuando los judíos encienden la Janukiá, una lámpara de nueve brazos que recuerda el milagro y la fidelidad de Dios en tiempos de prueba.
La Biblia católica contiene los libros de los Macabeos que cuentan esta historia.

La festividad de Janucá se celebra con gran alegría y diversas tradiciones familiares y comunitarias. Durante estos ocho días, es común ver las ventanas de las casas iluminadas con las luces de la Janukiá, simbolizando la esperanza y la perseverancia. Cada noche se enciende una vela adicional hasta que todas brillan, recordando la duración del milagro.
Además de encender las velas, las familias suelen reunirse para compartir comidas típicas, como los latkes, tortitas de papa fritas, y los sufganiot, deliciosos donuts rellenos de mermelada. Estos alimentos fritos en aceite también sirven como un recordatorio del aceite que mantuvo la Menorah encendida.
Los niños participan activamente en las celebraciones jugando con el dreidel, una peonza de cuatro caras que lleva inscritas letras hebreas que significan "Un gran milagro ocurrió allí". También se les suele dar gelt, monedas de chocolate, como parte de las festividades.
Janucá es un tiempo para reflexionar sobre la libertad religiosa y la identidad cultural, así como para fortalecer los lazos familiares y comunitarios. Al encender cada vela, se renueva el compromiso con los valores de fe, resistencia y unidad que han perdurado a través de los siglos.

La Menorah Dorada en la Sinagoga Hurva y su Relación con el Tercer Templo
En el corazón del Barrio Judío de Jerusalén, cerca de la Sinagoga Hurva, se encuentra una impresionante Menorah de oro puro, creada por el Instituto del Templo. Esta Menorah no es solo un objeto de exposición, sino una recreación basada en los relatos bíblicos y en los escritos de la Mishná y el Talmud.
Esta Menorah, elaborada con 45 kilogramos de oro puro y valorada en millones de dólares, fue diseñada con el propósito de ser utilizada en el futuro Tercer Templo. Según el Instituto del Templo, su construcción sigue estrictamente las especificaciones descritas en la Biblia y en la literatura rabínica, con la esperanza de que algún día sea colocada en el lugar santísimo del nuevo Templo en Jerusalén.
La ubicación de esta Menorah en el Barrio Judío no es casualidad. Desde este sitio, se puede ver el Monte del Templo, recordando a los visitantes la esperanza de la restauración del servicio sacerdotal y la adoración en el Templo. Para muchos judíos religiosos, la presencia de esta Menorah es un signo de la inminente redención mesiánica y la reconstrucción del Templo de Jerusalén.

El Viaje de la Menorah a lo Largo de la Historia
Después de la destrucción del Segundo Templo en el año 70 d.C. por las tropas romanas bajo el mando del general Tito, la Menorah fue llevada como botín de guerra a Roma. Su imagen aparece en el famoso Arco de Tito en el Foro Romano, representando la victoria romana sobre Jerusalén. Según algunos historiadores, la Menorah fue depositada en el Templo de la Paz en Roma.
El destino final de la Menorah es incierto. Algunas teorías sugieren que pudo haber sido saqueada cuando Roma fue invadida por los vándalos en el año 455 d.C. y trasladada a Cartago, en el norte de África. Posteriormente, algunos creen que pudo haber llegado a Constantinopla, la capital del Imperio Bizantino, antes de desaparecer sin dejar rastro. A lo largo de los siglos, ha habido numerosas especulaciones sobre su paradero, pero hasta el día de hoy sigue siendo un misterio.

Conclusión: La Luz que Nunca se Apaga
La Menorah es mucho más que un antiguo candelabro.
La Menorá es el símbolo de fe.
Es un símbolo eterno de la presencia de Dios, de Su luz y de Su fidelidad. Su historia y significado unen a judíos y cristianos en la búsqueda de la verdad y la revelación divina. Así como la luz de la Menorah nunca debía apagarse en el Templo, hoy Dios nos llama a mantener encendida nuestra fe y a ser luz en medio de la oscuridad del mundo. A través de los tiempos, la Menorah sigue iluminando los corazones de quienes buscan a Dios y anhelan Su luz en sus vidas. "Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino" (Salmo 119:105).
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